PARLAMENTO AYMARA ; JALANTA QULLANA
SUYU WIÑAYA AYMARA MARKA ARICA Y PARINACOTA, DENUNCIA EL TORMENTO QUE VIVE OLGA
DELGADO LAZARO
Mujer aymara, nacida en la localidad de Lupica, en plena precordillera ubicada en la comuna de Putre. A partir de los años 60, como muchas y muchos, migro desde su pueblo natal en busca de un mejor porvenir. Estando en Arica, a principios de los años 70 , a través de un programa agrícola; “reforma agraria”, adquirió cuatro hectáreas de terreno pedregoso, que a lo largo de los años y con mucho esfuerzo y trabajo lo convirtió en propiedad agrícola, además de las aguas correspondientes para riego, que solo a partir de los años 90 fueron regularizadas en 4.19 acciones. Olga, se estableció junto a los suyos como agricultora en los hermosos confines del km 45 en el valle de Azapa, a pesar de estar muy lejos de su pueblo originario jamás dejo de visitar su amada Lupica y hacer de su práctica cultural un mundo de oportunidades para subsistir y mantener a sus hijos que estudiaban en la ciudad de Arica. Su sustento, razón y modo de vida no solo fueron las propias actividades agrícolas, también producía quesos de cabra y vendía comidas típicas de la precordillera.
Como Olga Delgado Lázaro , muchos de los habitantes venidos de los “pueblos del interior” en aquellos años, vivieron momentos amargos y difíciles. Sin embargo, el sentido de la sobrevivencia destacó en ellos una especial fortaleza para enfrentar innumerables condiciones de pobreza, hacinamiento y discriminación racial. Para muchos de ellos, vivir la infancia, adolescencia y juventud en comunidades andinas, con padres y abuelos que hablaban escondidamente el idioma aymara y a medias el castellano, en sus efectos se convirtió posteriormente en una condicionante cultural que afecto no solo su entorno sino que también su forma de vida. Asimismo, llegar a la ciudad con sus atuendos, ropajes y a media lengua con el castellano, paso a ser una condición, porque en la inmediatez urbana fueron agraviados como “indios”, “paisanos” o “bolivianos”, ingresando al tacho de los discriminados. Ese Arica, el de antes, no siempre fue generoso con los hombres, mujeres y niños venidos de los “pueblos del interior”.
Estos efectos, más la carencia de escolaridad, porque solo algunos alcanzaron la sexta preparatoria de educación rural, no aseguraba que podían establecer mejores días para enfrentar los nuevos escenarios que ofrecía la ciudad y menos entender de manera rápida aspectos de modernización , desarrollo , tecnicismo , oportunidades , las políticas públicas , la política, las noticias , los periódicos, los efectos de la economía , los bancos y todo lo nuevo para ellos como hijos de los ”pueblos del interior”. Numerosos de los “allegados” tuvieron que enfrentar los efectos de un dinámico adelanto urbano , donde todo se movía a través de papeles , escrituras con la llamada “letra chica” y donde los conocidos “tinterillos” o tramitadores intervenían y hacían de las suyas. El solo pensar cuanta gente de los “pueblos del interior” fue engañada, estafada y vilipendiada en aquellos días, es hasta incalculable.
Esto de ser enseñado en las comunidades, por los abuelos y padres, que la palabra era lo más importante cuando se llegaba a un acuerdo, para los nuevos ciudadanos andinos trajo muchas consecuencias. Ellos llegaron a la ciudad para manifestar su buena fe, especialmente cuando debían tomar decisiones importantes en sus vidas. Olga, también es una de las tantas adultos mayores que ha sido víctima, no solo por su edad , también por seguir creyendo en la palabra y en la supuesta buena fe de aquellos que gozan del dinero y el poder.
El 9 de julio del año 2003, la señora Olga Delgado Lázaro, 67 años, oriunda de la localidad de Lupica (provincia de Parinacota), agricultora del valle de Azapa, solicito a un conocido prestamista la cantidad de dos millones de pesos. Esta emergencia económica permitiría a doña Olga, pagar la deuda de su propiedad en remate, considerando una larga enfermedad que había generado importantes gastos a quienes componen el grupo familiar. Para dar paso a la “solución del problema”, el prestamista le consigno dos millones de pesos, los que serían devueltos con un interés de 140 mil pesos mensuales, siempre y cuando dejara en hipoteca las 4.19 acciones de aguas, único patrimonio que la familia mantenía. Para ello, Olga tuvo firmar un documento notarial dejando en garantía las aguas, sin embargo nunca recibió copia fidedigna de lo firmado, tampoco la exigió, porque ella siempre confió en la palabra y en la “autoridad de un Notario”.
Curiosamente el 17 de noviembre del mismo año, aparece un documento notarial de compraventa de las 4.19 acciones cuya firma supuestamente pertenece a doña Olga Delgado. Es importante decir, que el 17 de noviembre de 2003, fecha que figura como celebración del supuesto contrato acreditado entre doña Olga Delgado y el prestamista, la afectada no se encontraba en la ciudad de Arica por hallarse en la localidad de Lupica. Ella durante noviembre del 2003 presto servicios de alimentación y alojamiento a la empresa Constructora “Leandro Sembler e Hijo S.A.” Esto fue corroborado por dos testigos quienes fueron trabajadores de dicha empresa aquel año.
Dos cosas se deducen en todo este “malabar “ejecutado por el prestamista. Primero, que no solo es un acto de mala fe, ya que la firma del documento de hipoteca de las aguas del 9 de julio fue usado para inventar el documento de compraventa del 17 noviembre, tal vez usando la firma original de Olga , no descartando la falsedad de la rúbrica . Además, toda esta operación fue ejecutada desde una conocida “Notaria Publica” donde algunos empleados estuvieron coludidos con el prestamista
En agosto del 2004 la afectada Olga Delgado se entera que sus 2.19 acciones de aguas estaban inscritas a nombre del prestamista y otras dos a nombre de otras personas. Es decir, el prestamista a partir del 17 de noviembre utilizo toda una red pública para generar un hecho delictivo con el propósito de apropiarse de las aguas y estableciendo condiciones para vender una parte de estas.
En esto es necesario destacar , que desde la mirada ancestral y comunitaria los hijos de pueblos siempre han sentido la necesidad de mantener unida la tierra con las aguas. Ellas, sin la una y la otra, no es posible producir y generar actividades agrícolas. Por lo tanto, nunca estuvo en el pensamiento de Olga, de vender las aguas para dejar su terreno agrícola infértil. Otro componente muy necesario de destacar que en aquellos años cada acción de agua tenía un valor por sobre los 7 millones de pesos, es decir Olga mantenía un patrimonio de 4.19 acciones valorizada por sobre los 24 millones de pesos. En la lógica de cualquier agricultor o comerciante, por más necesitado de dinero que se encuentre, nunca hubiese vendido las 4.19 acciones de aguas en solo 2 millones de pesos.
Hoy , esta situación se ventila en el segundo juzgado de garantía , hasta allí ha llegado un grupo de testigos para garantizar que doña Olga Delgado, ha sido víctima de un engaño a vista y paciencia de muchos. Sin embargo, estos hechos delictivos no solo han afectado a la familia y al patrimonio de la señora Olga Delgado Lázaro, también durante los últimos años han sido víctimas de engaños y de estafas muchas familias aymaras, que producto de la vulnerabilidad y de los problemas económicos han tenido que hipotecar sus bienes, quedando estos en manos de verdaderos estafadores que pululan por los terminales del agro en Arica.
Por ahora Olga Delgado, está a la espera del dictamen del Juez, esperando que se haga justicia. Han pasado más de diez años desde que empezó su peregrinar por los juzgados y estudios de abogados, para recuperar sus aguas, considerando que estas , las 4.19 acciones, están cauteladas por el tribunal. En los hechos, desde hace muchos años que se ha venido denunciado esta situación, sin embargo, la prensa local ha hecho oídos sordos a esta injusticia.
Por ahora esperamos que las organizaciones indígenas que dicen defender los “derechos indígenas” reaccionen, destacando que no es un “asunto de privados”. En los hechos el Estado de Chile reconoce que durante mucho tiempo se han vulnerado los derechos de las personas indígenas provenientes de las comunidades aymaras.
A Olga Delgado Lázaro, la propia institucionalidad vigente y la desigualdad social y territorial existente, vulneraron sus derechos, la buena fe , las prácticas de creer en la palabra y por ultimo el patrimonio que el mismo estado en un oportunidad le entrego a Olga para mejorar su calidad de vida y de su familia.
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